Reinventándonos

 

Del apego surge el sufrimiento; del apego surge el miedo. Para aquel que está libre de apego ni hay sufrimiento ni mucho menos miedo. Buda.

  

En mi trabajo como terapeuta, me he encontrado con el dolor y el sufrimiento del otro; sin embargo la experiencia del otro no se aleja de las vivencias que he tenido que enfrentar en esta realidad compartida llamada vida. 

Sentir dolor, tristeza, rabia, soledad, vergüenza, miedo, angustia, entre muchas otras emociones y sentimientos, nos hace mirarnos y darnos cuenta de nuestra humanidad.

Esta humanidad que nos hace vulnerables, esta vulnerabilidad que nos contacta con nuestra sombra y nuestra luz. Mirarnos en el espejo del otro, mirar nuestra propia vida que nos confronta con lo que somos ahora.

Estos momentos de cambio, de reinventar las relaciones y de re-inventarnos a nosotros mismos nos confronta con la soledad, pero no es necesariamente la soledad de abandono, sino aquella que nos recuerda que sólo nos tenemos a nosotros mismos, que de nosotros depende sostenernos y también levantarnos pese a todo.

Mirar ese yo-tu y ese nosotros, distinguiendo la diferencia, aprendiendo que el sostén es el propio cuerpo, pero también el alma, el ser. Aprendiendo ese baile en el que al fin y al cabo terminamos bailando solos, aprendiendo de nosotros mismos, gracias al encuentro con los demás, pero también reconstruyendo día a día lo que somos, re-definiéndonos, separando las piezas de lo que somos y volviéndolas al unir. Como dijo Claudio Naranjo, descubriendo quienes somos, pero sin aferrarnos a una definición.

El mundo cambia, las personas van y vienen, las crisis generan movimientos, en la vida hay caídas, hay empinadas y bajadas. Solo nos queda aprender de esa experiencia, solo nos queda mirarnos frente a frente para mirar nuestras fortalezas, para mirar nuestra luz interna que ilumina nuestro camino y poder reconstruirnos aún desde las cenizas, aprendiendo, resignificando, sosteniéndonos a nosotros mismos, cambiando la mirada hacia dentro para poder volver a mirar hacia fuera.

Esta época ha sido una gran experiencia, una lección de vida personal para encontrarnos con nuestro ser, con lo que somos y queremos ser. Como lo describió Viktor Frankl “La vida tiene sentido a pesar de cualquier circunstancia”.  Contactar con el sufrimiento a veces nos paraliza, evadimos el dolor, sin embargo solo desde la cenizas podemos renacer como el ave fénix, para ahora, poder darnos una oportunidad. La oportunidad de vivir plenamente.

Vive como si estuvieras viviendo por segunda vez y como si la primera vez ya hubieras obrado tan desacertadamente como ahora estás a punto de obrar V. Frankl. El hombre en busca de sentido.



 

 

Todos tenemos alas. El encuentro contigo

 

A lo largo de la vida vamos experimentando aprendizajes mediante el encuentro con los demás. Somos seres sociales por naturaleza y sin poderlo evitar, nos vamos construyendo a nosotros mismos a partir de las experiencias y vivencias con los otros.

Desde que somos pequeños aprendemos de nuestros padres la forma de relacionarnos con el entorno, sobre todo aprendemos quienes somos, nos vamos definiendo a partir de la mirada de nuestros seres cercanos.   E incluso traemos un bagaje e historia familiar que heredamos de nuestros ancestros y forma parte de lo que somos aquí y ahora.

A lo largo del camino, llamado vida, podemos toparnos con piedras, obstáculos o grandes barreras y todo dependerá de nuestra capacidad para generar ajustes creativos que nos permitan seguir avanzado.  

La pregunta sería ¿por qué algunos en lugar de avanzar se quedan en el camino, se detienen, paralizan o incluso se derrumban?  ¿No tenemos a caso todos los recursos para volar?

Creo que todos tenemos alas, aunque a veces no hemos podido aprender a mirarnos, como el águila que crece dentro de un corral junto con las gallinas y no sabe que puede volar, no sabe quién es, ni que es diferente y que lo único que necesita es confiar en su potencial.

La única forma de encontrarnos es mirándonos frente al espejo, escuchando lo que somos desde nuestra intuición a pesar de que otros  digan tu no puedes, la única forma es comenzar a creer en nosotros mismos, aceptando lo que somos y reconociendo que incluso los errores y los defectos nos han hecho ser lo que ahora somos.

Hoy podemos aprender a mirarnos desde una mirada
compasiva, aprendiendo que somos seres humanos en desarrollo, y que cada experiencia de vida ha sido una oportunidad de crecimiento, cada encuentro, cada persona que ha estado en nuestra vida sean por instantes o por largos momentos, de diferentes maneras han sido maestros o maestras de vida para hoy ser mejor que ayer y mañana mejor que hoy.

Hoy podemos voltear la mirada hacia nosotros mismos para redefinirnos, reconstruirnos desde una visión más amorosa y menos exigente, más humana y menos juiciosa, al fin y al cabo, no se trata de cubrir las expectativas de otros, se trata de ser lo que elegimos ser.

Aprendiendo a validarnos nosotros mismos, amando lo que somos y creyendo en lo que podemos lograr para volar alto.

Hoy, Te deseo una vida plena a pesar de los obstáculos, porque creo en ti, en mi y en nosotros.

 

 

 


El vacío frente al espejo. Fantasía, poesía o realidad.


Cada día es una experiencia de contactar con nuestro ser y el mundo exterior, no existimos sin estar en el mundo y nos construimos en la relación con los demás.

Sin embargo, no siempre es fácil vivir en el mundo, vivir implica sentir y sentir significa experimentar, dentro de la experiencia podemos contactar con sensaciones, emociones y sentimientos. Podemos sentir el placer de disfrutar el sabor de lo dulce y lo salado, podemos oler el perfume de las flores y el café. Podemos oír el sonido de los pájaros y la voz de la persona amada. Podemos contactar con la alegría y el amor, pero también sentir el miedo, la tristeza, el enojo y el dolor.

Y esto implica vivir, como alguna vez lo dijo el Dr. Marco Peñuela “vivir sin anestesia, sin embargo cuántas veces preferimos vivir desensibilizados, caminando como zombies sin sentir, sin amar, viviendo de prisa, buscando una meta siempre imposible de alcanzar.  Un mundo de prisa, incansable, insaciable, en el que nunca es suficiente y siempre hay que dar más.

Olvidando nuestra propia naturaleza, aferrándonos, controlado lo incontrolable. Viendo sin mirar y oyendo sin escuchar, tocando sin sentir, solo andando, buscando sin brújula, como en un laberinto sin fin.

Y esta historia, es la historia de muchos, en un mundo en el que el placer deja de tener un verdadero sentido, quedándose en la angustia por lo que no se hizo y la ansiedad por lo que tienen que hacer. Sin vivir en el presente, solo deseando ser lo que no somos y viviendo sin ser.

Viviendo en el vacío estéril, que se queda en el hacer y tener y no en el ser.

¿Cuándo despertaremos del sueño? ¿Cuándo comenzaremos a mirarnos frente al espejo para descubrir quienes somos? Y encontrar así, nuestras maravillas internas que nos hacen ser únicos y que nos acercan a la experiencia de ser, de mirar, de tocar y sentir para poder ser felices y descubrir el sentido de nuestra existencia.

Solo será cuando ampliemos nuestra conciencia y despertemos al mundo y nos miremos a los ojos, y nos miremos el alma, y dejemos de huir del dolor, aprendiendo a alcanzar y soltar, como diría Ruella Frank. Sin aferrarnos, solo dejando que la vida siga su curso y fluya como el río que llega al mar.

Sólo así podremos alcanzar y disfrutar el presente encontrándonos en este camino llamado vida. ¿Te atreves a vivir?

 

¿Por qué Psicoterapia? Necesidad, vacío y encuentro.


  La visión de la psicología y la psicoterapia ha cambiado a través del tiempo, la idea impregnada sobre lo que es acudir a recibir ayuda psicoterapéutica plasmada en películas, caricaturas y memes sobre la función de un terapeuta ha sido muy burlada. Recuerdo hace algunos ayeres cuando inicié mis estudios en psicología haber visto con risa la caricatura de nuestro célebre Sigmund Freud en un juego de figura y fondo, con la imagen mezclada en su rostro de una mujer, refiriendo la mal llamada fijación de Freud sobre el sexo. 

Muchos años hablar de psicología y psicoterapia era relacionado con psicoanálisis, el diván y un analista buscando respuestas a las conductas inconscientes del consultante. Sin embargo en la actualidad existe toda una gama de corrientes y posturas psicológicas y psicoterapéuticas que pueden ajustarse a la medida del cliente desde una perspectiva más humana.  Pero lo más relevante es la ruptura del estereotipo o creencia errónea de que a psicoterapia solo va la gente que está “mal”, loca o enferma. 

Mi afirmación sería la psicoterapia es para todos, obviamente yo soy psicoterapeuta y se podrá decir que mi postura no es objetiva ni imparcial, sin embargo no solo soy terapeuta, sino también soy paciente, ya que para sentarme en esta silla necesito experimentar también la otra silla y continuar con el camino de encontrarme. Y es aquí, donde desgajo esta tan maravillosa experiencia en la cual no solamente me encuentro a mí, sino descubro al otro (el terapeuta) y podemos construir juntos un nosotros en el aquí y el ahora.

Desde la perspectiva Gestalt, la terapia es un proceso que permite ampliar la conciencia a partir de un proceso dialógico, como bien lo resalta Díaz Calderón (2019) retomando al filósofo Martin Buber “Toda vida verdadera es encuentro”, la relación yo-tú es la clave de la experiencia humana.

La vida del siglo XXI impregnada de contrastes, cambios vertiginosos, fast-food, dale un clik, se independiente o mejor dicho no pienses en los demás solo piensa en tus necesidades, cuantos likes tienes y dime quién eres, compite, compra, ¿qué celular tienes?... entre muchos más y más factores que hacen de este mundo, un mundo plagado no solo de un virus, sino de estrés, angustia, violencia, control, obsesión, depresión, alcoholismo, adicciones, soledad, infidelidad, vacío existencial… en donde olvidamos detenernos y mirarnos, tomar un respiro y pausar la cinta para poder comprender lo que hemos sido y lo que somos en el presente, para poder encontrarnos con los demás desde otra mirada y poder reconocer la necesidad de contacto real, la necesidad de ser y no de hacer o tener. 

En mi trabajo terapéutico al mirar al otro, observo esa necesidad de ser visto, esa necesidad de ser reconocido y valorado, en esta jungla de pavimento y ahora por meses entre cuatro paredes, mediante un forzoso “encuentro” contigo buscando no encontrarte, porque encontrarte representa el riesgo de no gustarte lo que ves. Sin embargo, la paradoja se da, como bien decía Carl Rogers “cuando acepto lo que soy es cuando puedo cambiar” y que mejor que comenzar esta experiencia de cambiar en un proceso de acompañamiento mediante la terapia, en la cual soy libre de ser y de sentir, en la que no puedo ser juzgado sino acompañado desde la empatía y el respeto de mi ser.  Y esta es la verdadera realidad de la psicoterapia, lejos de los clichés.

El encuentro en la psicoterapia es una oportunidad para experimentar el vacío, para encontrar formas creativas y creadoras para redefinirte y reconstruirte en un ser humano no perfecto solo perfectible, vulnerable pero pleno, siendo hoy mejor que ayer y mañana mejor que hoy… al fin al cabo para encontrar lo que muchos llamamos la autorealización que no es más que una probada de felicidad, la cual se construye en el presente como un regalo único e intransferible.

Así que, desde esta visión, la psicoterapia es solo una oportunidad de crecimiento interno para  ampliar nuestro ser y la conciencia de ser lo que somos, desde la aceptación hacia el compromiso de la acción ampliando nuestras posibilidades. Como dijo Claudio Naranjo "la verdad sobre nosotros mismos puede liberarnos".

En el encuentro en el nos-otros integro mi existencia. 

¿Y tú te atreves a encontrarte?

 

Lorena Martínez Avendaño

Psicoterapeuta


Tristeza y depresión en nuestra vida. Una realidad

    Actualmente el tema de la depresión es muy común, y no porque se algo nuevo, sino porque  ahora se han abierto más canales para poder hablar de ello.  Definitivamente es un tema relevante, ya que al igual que los trastornos de ansiedad, la incidencia de personas que viven con depresión es muy alta, es la enfermedad del silencio, la que no se ve o no se quiere ver. 

    De acuerdo a la Organización Mundial de la Salud (2020), más del cuatro por ciento de la población mundial vive con depresión. En México, según datos del  INEGI (2019), 34.85 millones de personas han tenido episodios depresivos y mayor proporción son mujeres, adolescentes y personas mayores. 

    En este año se estima que la depresión ha aumentado considerablemente, representando un problema de salud pública.  Sin embargo la depresión es un trastorno que tiene solución, lo importante es identificarlo y sobre todo pedir ayuda. La dificultad radica en que hemos aprendido a nivel cultural a no expresar emociones como la tristeza, así que en repetidas ocasiones minimizamos o escondemos estos sentimientos. 



    Todas las personas sentimos dolor, tristeza, enojo, miedo, confusión, frustración, impotencia, y muchas emociones más.  La tristeza es un sentimiento natural en nuestra vida, es una maestra que nos enseña que algo necesitamos aprender sobre nosotros mismos.  Es como una brújula que nos indica que quizás perdemos el rumbo y necesitamos detenernos. 

    La tristeza es una herida que lavamos y curamos para evitar que se infecte. La depresión es la herida infectada, enraizada por nuestras creencias limitantes, ideas que hemos aprendido y construido sobre nosotros y la realidad. 

    Cómo dice el dicho popular "todo depende del color del cristal con que se mira", a veces nuestros cristal está empañado, sucio o rallado. Y vamos por la vida creyendo que así es la realidad, dejamos de confiar en lo que somos y en nuestra capacidad de crear y construir nuestra felicidad. Pensando en que los demás son responsables de nuestro sentir, soltando el volante de nuestra vida, lo cual nos resta la oportunidad de  vivir plenamente.  

    Por todo esto, necesitamos comenzar a cambiar nuestras creencias, abriendo los ojos ante nuevas posibilidades, re-descubriendo que somos seres capaces de construir nuestras vidas de una manera diferente y creativa. 

    Somos artistas que pintamos con cada pincelada las hojas de nuestras vidas, y en estas hojas hay cambios en la tonalidades y en los trazos, quizás algunos firmes y otros más suaves, pero al fin y al cabo, todo parte de nuestra creación personal. En mundo lleno de otros cuadros y otras tonalidades, aprendiendo también que hay muchos artistas a un lado que pintan sus propias obras de arte, podemos compartirlas, y podemos aprender de los otros, pero cada quién es responsable de su pintura.

    Así es la vida, llena de colores y tonos blanco y negro, reconociendo que no estamos solos, y que podemos comenzar a tomar el pincel rompiendo la inmovilidad y el silencio, eligiendo sentir y vivir a pesar del riesgo que esto implica, aceptando nuestra vulnerabilidad como parte de ser humanos y con la posibilidad de alcanzar al otro cuando necesitamos un apoyo. 

    La depresión es una realidad social, sin embargo también hay una gama de alternativas para crear una realidad diferente, una realidad con mayores posibilidades de elegir quienes somos.  En un mundo en el que no estamos solos y nos construimos juntos en el nosotros.  

Lorena Martínez Avendaño
Psicoterapeuta. 
Sep/ 2020


Un espacio de reflexión y aprendizaje

Reinventándonos

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