A lo largo de la vida vamos experimentando aprendizajes mediante el
encuentro con los demás. Somos seres sociales por naturaleza y sin poderlo
evitar, nos vamos construyendo a nosotros mismos a partir de las experiencias y
vivencias con los otros.
Desde que somos pequeños aprendemos de nuestros
padres la forma de relacionarnos con el entorno, sobre todo aprendemos quienes
somos, nos vamos definiendo a partir de la mirada de nuestros seres
cercanos. E incluso traemos un bagaje e
historia familiar que heredamos de nuestros ancestros y forma parte de lo que
somos aquí y ahora.
A lo largo del camino, llamado vida, podemos toparnos
con piedras, obstáculos o grandes barreras y todo dependerá de nuestra capacidad
para generar ajustes creativos que nos permitan seguir avanzado.
La pregunta sería ¿por qué algunos en lugar de
avanzar se quedan en el camino, se detienen, paralizan o incluso se derrumban? ¿No tenemos a caso todos los recursos para volar?
Creo que todos tenemos alas, aunque a veces no
hemos podido aprender a mirarnos, como el águila que crece dentro de un corral
junto con las gallinas y no sabe que puede volar, no sabe quién es, ni que es
diferente y que lo único que necesita es confiar en su potencial.
La única forma de encontrarnos es mirándonos
frente al espejo, escuchando lo que somos desde nuestra intuición a pesar de
que otros digan tu no puedes, la
única forma es comenzar a creer en nosotros mismos, aceptando lo que somos y reconociendo
que incluso los errores y los defectos nos han hecho ser lo que ahora somos.
Hoy podemos aprender a mirarnos desde una mirada
compasiva,
aprendiendo que somos seres humanos en desarrollo, y que cada experiencia de
vida ha sido una oportunidad de crecimiento, cada encuentro, cada persona que
ha estado en nuestra vida sean por instantes o por largos momentos, de
diferentes maneras han sido maestros o maestras de vida para hoy ser mejor que
ayer y mañana mejor que hoy.
Hoy podemos voltear la mirada hacia nosotros
mismos para redefinirnos, reconstruirnos desde una visión más amorosa y menos
exigente, más humana y menos juiciosa, al fin y al cabo, no se trata de cubrir
las expectativas de otros, se trata de ser lo que elegimos ser.
Aprendiendo a validarnos nosotros mismos, amando
lo que somos y creyendo en lo que podemos lograr para volar alto.
Hoy, Te deseo una vida plena a pesar de los
obstáculos, porque creo en ti, en mi y en nosotros.
